Este es el camino de mi salud mental más reciente, que todavía sigo recorriendo.
Para sacudir el miedo y la angustia que me provocan las incomodidades emocionales, y como una forma de preparación para mi viaje a Rishikesh, India, en noviembre de 2025, decidí hacer un desafío de 90 días para un cambio de carrera y creencia. Mientras escribo esto, voy en el día 47.
Una simple pregunta me llevó a la confrontación de dos voces: “¿Qué creencias fundamentales sobre el éxito y el propósito te fueron inculcadas o desarrollaste en los primeros años de tu vida?”. La primera vez que la leí… lloré. Fue uno de esos llantos que esconde dolores normalizados e inconscientes. Me ha tomado meses entender la conclusión de esta pregunta, y es hasta ahora que puedo empezar a absorberla como una nueva verdad consciente.

La creencia que me inculcaron fue: “Para ser exitosa, tienes que sufrir más que nadie y tienes que ser la mejor mártir”. Dejando a un lado la gracia masoquista de la respuesta, poder describir esta creencia fue revolucionario para mi vida. Me permitió darme la oportunidad de escoger una nueva creencia: “Mi mayor triunfo es honrar mi bienestar con autocuidado y compasión por mí misma.”
Así empezó una guerra en mi interior. Por un lado, la voz del sufrimiento, fundamentada en el perfeccionismo, en diálogos internos de “no soy suficiente y no hago suficiente,” y en la urgencia. El burnout motivado por el miedo a alcanzar metas inalcanzables era el lema que dirigía mi vida.
Por otro lado, la voz del bienestar, que empecé a escoger, se fundamenta en trabajar en el “sello de excelencia,” en la suficiencia emocional y en la paciencia accionada por el amor propio. Esta voz me nutre para tener un flujo más adaptado a la vida siempre cambiante.

Mi parte favorita de cambiar una creencia es la absorción; mi parte menos favorita es el periodo de guerra interna, donde todo parece estar mal. El cambio del perfeccionismo a la búsqueda del sello de excelencia ya pasó; mi psicóloga lo describe como un “clic” que encaja en su lugar, como un engranaje nuevo que opera una nueva máquina. La suficiencia emocional y la urgencia, las sigo trabajando. Es por medio de estos cambios conscientes que puedo encontrar más seguridad en mí misma para ser la versión más auténtica de mí.
El dolor es inevitable, pero al darle dirección lo convierto en sabiduría en lugar de sufrimiento. Estoy increíblemente orgullosa de esta estructura: le hice jaque mate a las secuelas del trauma que quedan en mí.
Kiriosa.



