I. El silencio que traje en la maleta
Cuando regresé de la India, sentí un respiro que no sabía que necesitaba. Sabía que volvería diferente, pero no imaginé la magnitud del cambio interno. Durante el mes que viví en Rishikesh, puse mi celular en modo “no molestar”. Entre el cambio de horario y la inmersión total, viví en otro mundo donde todo lo que creía saber fue cuestionado profundamente.





Regresar a mi trabajo en bienes raíces fue como derribar una obra terminada para cambiarle los cimientos. El viaje de regreso, casi 24 horas de vuelo, fue el espacio de transición necesario para procesar que la India opera bajo sus propias reglas, ritmos y creencias, y que yo estaba por empezar a crear las mías.

El espejo de Vannie: Fuerza y disciplina
En las clases, siempre me sentaba junto a mi amiga Vannie, de Vietnam. Ella fue una inspiración silenciosa y constante. Ver su flexibilidad, su fuerza y la forma en que cuidaba su salud —corriendo y levantando pesas— me activó algo por dentro.
Al volver a Guatemala, esa inspiración se convirtió en acción. Me inscribí en el gimnasio y decidí que mi práctica de Ashtanga Yoga no sería lo único. Empecé a correr, a comer mejor y a levantar pesas. Recuerdo mi primer domingo en el gimnasio: caminé 20 minutos por la mañana. La Kiri de antes jamás hubiera hecho eso un domingo, pero ahora tengo una motivación que no me cabe en el pecho; una energía interior más fuerte de lo que alcanzo a comprender.





2.5 centímetros de libertad
Hay cambios que son invisibles, pero otros son imposibles de ignorar. Siempre medí 172 centímetros, pero tras el regreso, mi estatura marcó 174.5. Mi doctora me explicó que las elongaciones de la columna en cada práctica me ayudaron a descomprimir la espalda, permitiéndome regresar a mi altura natural.
Literalmente, crecí. Y ese crecimiento físico se refleja en mi capacidad de marcar límites y decir “no”.
De vivir para trabajar a trabajar para vivir
Los primeros seis meses de este 2026 han sido intensos en lo laboral, pero mi psique ha tenido que adaptarse. Con el apoyo de un proceso psicológico y psiquiátrico, logré transitar el cambio: ahora mi vida gira en torno a mi salud física, emocional y mental. Antes, mi salud era negligente porque el trabajo era el centro.
Hoy, el orden se ha invertido. Cuidar de mí ha hecho que mi trabajo fluya mejor. Mi productividad y mis estrategias ahora son herramientas de las que me siento orgullosa, pero ya no son mi identidad.

Ishvara Pranidhana: La ofrenda
He ganado una paz que nunca pensé que fuera posible. La alegría llega más fácil y la tristeza ya no pesa tanto. He comenzado a integrar en mi día a día el Ishvara Pranidhana. Este es el quinto y último Niyama (observancia ética) en los Yoga Sutras de Patanjali. Representa la práctica de soltar el ego, aceptar lo que no podemos controlar y confiar plenamente en el devenir de la vida.
Al practicarlo, confío en el poder del universo y le ofrezco mi trabajo como una ofrenda de paz. Sé que pasaré mucho tiempo recolectando las lecciones de lo que viví en Rishikesh, pero por ahora, este es el camino. Un camino donde finalmente tengo el espacio suficiente para ser yo misma.
Paz, amor y muchas frutas,
Kiriosa


