Hagamos tortillas este 15 de septiembre, mientras pienso en lo que significa Guatemala. Mientras mezclo la maseca con el agua, procurando que no me quede muy aguada, pienso en los consejos de mi mamá, en las tradiciones que ella me ha dado para que trascienda su legado, así como el de mi país. Toco la masa y calculo cuánta agua es suficiente, tal como me dijo mi mamá. Con inspiración del video de @beatrizcontreras31 haré tortillas celestes y blancas, como la bandera.

¿Qué es ser guatemalteca? ¿Por qué celebramos este día? Para mí, ser guatemalteca es ir a la Terminal cargando un morral para comprar verdura y fruta fresca. Es escuchar el mercado lleno de vida y observar todos los colores, ver tradiciones, escuchar chistes, sentir la “chispa guatemalteca” que nos distingue. Es ver a personas de la tercera edad saludándose, contando chismes o compartiendo comida. Escucho la risa de las personas mientras me dirijo a los puestos donde compro. Saludo, compartimos risas.

Me siento muy afortunada por vivir en un valle, rodeada de montañas y volcanes. Las personas que vivimos con la altitud de las montañas procuramos ser amables. Escucho los buenos días cuando alguien entra a un local, digo buenas tardes cuando ingreso a una tienda. Cuando camino por el parque central de Xela y veo la catedral, las granizadas, los helados y los mangos, me encantan los buñuelos cocinados en leña. Se siente paz en vivir así. El ritmo de vida puede ser tan acelerado a veces, con mandados, reuniones y responsabilidades, pero cuando escucho a la gente en general, siento el corazón guatemalteco lleno de tradiciones. Esas tradiciones forman parte de la identidad colectiva, y me siento muy orgullosa de ser parte.
Sin embargo, durante las fiestas patrias, siento una contradicción de sentimientos, porque no hay independencia igual para todos. Es muy frustrante y siento mucha impotencia al experimentar constantemente la injusticia, el racismo, la corrupción y la terrible desigualdad. La experiencia humana tiene una garantía irrevocable de dolor y sufrimiento; no hay de otra, sí o sí se viene a sufrir. Para poder procesarlo, en ocasiones me recuerdo a mí misma que es también por el dolor que podemos conectar con otros, encontrar pertenencia en lo difícil que es ser humano y que la resiliencia que nace de este dolor y conexión es lo que nos motiva a la superación. Pero duele.

¿Por qué tengo más oportunidades que otros? ¿Por qué hay otras personas que tienen más recursos que yo? Nadie es mejor que nadie y todos valemos lo mismo, pero debajo de la corrupción y pobreza hay desigualdad. ¿Qué puedo cambiar yo? No puedo cambiar más que lo que soy y cómo construyo cosas con otros. Aun así, mi poder es pequeño y limitado.
¿Independencia de qué? La bandera de Guatemala es celeste, blanco y celeste, representando el Pacífico y el Atlántico que tocan nuestras costas. Los colores representan justicia, fortaleza y verdad. Son palabras bonitas y vacías, porque no hay justicia, la fortaleza está en el corazón de las personas y es constantemente desafiada por la corrupción, y la verdad está oculta.

Cuando hago tortillas y las coloco en el comal, me da miedo acercar mi mano al calor, tengo miedo a quemarme. Me doy cuenta de que ese miedo hace que se me rompan las tortillas. ¿Es acaso esto una representación de la tradición y la vida que no puede evitar el dolor? Mi orgullo de ser guatemalteca no es absoluto, a veces se quiebra, es irregular, al igual que la realidad de mi país. El amor a Guatemala existe y, a la vez, pareciera que está en una relación tóxica con el mismo sistema que debería impulsar su crecimiento.
¿Puedo estar orgullosa y decepcionada al mismo tiempo? En otros aspectos de la vida, aspectos finitos, utilizaría la decepción para convertirla en algo que me enorgullezca. Mientras encuentre cómo alquimizar mi decepción y dolor, me motivaré por el orgullo a mi país para continuar con un sello de excelencia, un trato amable y límites saludables.
Paz, amor y muchas frutas,
Kiriosa



